Mi carta a Ana Botella, Asunto: La foto blasfema ‘Infierno’.
20 enero, 2012


Señora Dña. Ana Botella,

Desde hace tiempo, tanto usted como su marido, han sido personas a las que he tenido un especial aprecio.  Admiradas por su liderazgo y saber ser, saber estar y saber defender los intereses de sus allegados, votantes y amigos… hasta el día hoy, que he cambiado de parecer. Sí, la foto blasfema de un actor imitando a Jesús sosteniendo sobre sus geniales una estampa del Cristo de Velázquez es razón suficiente. (*la fotografía ha sido recortada para no herir sensibilidades). Foto que, para más INRI, está expuesta a costa de mis impuestos.

Me parece realmente sorprendente que el Partido Popular, partido que está donde está por gente de derechas (en su mayoría católica) permita este tipo de aberraciones. ¿Qué pretenden con mantener la foto de ‘Infierno’? Explíqueme, por favor, ¿dónde está la cultura? ¿Acaso nos hemos acostumbrado a esconder detrás de la palabra ‘Arte’, todo tipo de insultos contra la religión? Perdón, no generalizaré. Todo tipo de insultos contra el cristianismo, porque al Islam ningún artista de estos valientes que tenemos le dedica ni ‘mú’.

Me cansa, señora. Me cansa y mucho que se nos ignore. Me cansa que permita que una panda de (anti)artistas se rian de nuestra religión y de nuestras creencias, amparándose en una ‘cultura’ que no es más que una cortina de humo para humillarnos a sus anchas. (Anti)artistas respaldados por una ‘libertad de expresión’ en la que se amparan para ofendernos.  Sí, señora. A los católicos. A esas personas que, en su mayoría, han permitido que usted esté donde está, doña Ana.

En general, su actitud contra la Ley del Aborto y, en particular, con este caso, hacen que pierda mi confianza tanto en ustedes como el sistema democrático que ‘aboga’ por todos los ciudadanos. Quiero aprovechar para mandar un abrazo a D. José A. Monago, que la retiró en cuanto los ciudadanos se lo pidieron, tras ser expuesta en el Festival de Teatro de Mérida en julio de 2011. Actitud valiente donde las haya y más aún en esta época, donde la Religión está en el punto de mira.

Señora Ana, Dios le perdone por poder y sin embargo no querer. No se preocupe, yo rezaré por usted, pero Él no sólo es Misericordioso… También es Justo, y cada cual tendrá el destino que merece. Le dejo una cita, antes de mandarle un cordial saludo.

Y cualquiera que Me negare delante de los hombres, también Yo le negaré delante de mi Padre que está en el cielo‘. MT 10:33.

Suerte,

Cartas a Dios. La película.
3 abril, 2011


Verme a mí escribiendo sobre cine es igual de probable que ver a Florentino Pérez regalándome un chalet en La Moraleja. Improbable, sí, pero no imposible. Retando a la probabilidad, escribo este post de una película que me removió tanto como para interrumpir “Cadena de favores? en el tren de vuelta a casa, y ponerme a escribir una entrada del blog, con el agravante de que tengo más hambre que un perrillo chico. Vamos allá.

Este jueves me invitaron a un preestreno, como todas las semanas, por cortesía de mi empresa. No suelo tener mucha suerte, y acostumbro a ir a películas dignas de sobremesa dominical de Antena3. Movido por el ocio y tres acompañantes más, me decidí por ponerme en camino hacia el cine. Una película me esperaba, su nombre original es “Oscar et la dame rose”, pero llega a España como  “Cartas a Dios?. Esa tarde había mirado algo por internet, bueno, lo intenté… pero poner ese título en Google solo generó miles de resultados de webs de autoayuda. Aún así, seguía dispuesto a ponerlo como el plan para esa noche.

Ya en el vagón del metro, me decidí a mirar el cartel de la película en la que iba a invertir mis dos próximas horas.

A la par que saqué la entrada de mi chaqueta, una señora decidió frenar su carrito con mi pie.  Empujones, agobio, más empujones… no fue el momento apropiado. Condicionado por el ambiente hostil del transporte subterráneo un prejuicio precipitado cruzó mi mente…“Verás como esta película me arruina las palomitas?. Salí a la calle, tremendamente aliviado, y me aparté de la masa para esperar a Pedro, Guille y Sofía.

Volví a meter la mano en mi bolsillo para confirmar que las entradas seguían ahí. Efectivamente. Ahí estaban, arrugadas como la camisa de tu primera colada. Fijé mis ojos. En el cartel aparecía un niño con un pañuelo en la cabeza, junto a una mujer. Tras ellos, un ambiente lúgubre y triste, oscuro, vacío. La mítica casa de terror y la sensación de que había olvidado los pañuelos en casa. “Parece ser que los necesitaré? –Pensé.

Nos acomodamos como pudimos. Entró el director de la película, Éric-Emmanuel Schmitt,  y comenzó a hablar… y me quedaré con alguna de sus frases durante mucho tiempo. Palabras que entraron en mi cabeza como si llevara mucho tiempo esperando a que alguien se atreviera a citarlas. Todo empezó con su comentario en francés, traducido por su acompañante: “Que sepan que preferiría hablar al terminar la película, pero prefiero hacerlo antes porque al acabar toda la sala estará llorando?. Pensé que poca gente hubiera conseguido empezar mejor, nadie quitaba el oído, y nadie pudo evitar conmoverse cuando introdujo la película: “Es una tragicomedia. He intentado conseguir algo que es muy complejo, que ustedes vean el mundo a través de los ojos de un niño con una enfermedad, ellos tienen la humildad de aceptar que no saben, aprendamos…?.

…Y ¡zas! Luces fuera. Comenzó la película. La sala enmudeció por momentos, pero hubo algunos comentarios cuando vimos que la proyectaban en versión original… es decir, en francés y subtitulada en español, para que la pudiéramos seguir.

Salimos del cine.

Desde que entramos habían pasado prácticamente dos horas. Dos horas en las que había reído a carcajadas, como en casi ninguna película lo había hecho. Dos horas, en la que he aprendido a ver cosas que para nada me planteaba. Dos horas, en las que se te acaba escapando alguna lagrimita que otra. Horas que van pasando mientras piensas “que no se termine?. Eché de menos una banda sonora que hiciera mucho más hincapié en los momentos clave de la película, creo que se podría haber aprovechado un poco más, y que se podría haber sacado bastante más provecho del cartel, pero…  al margen de eso, pocos minutos fueron los que me bastaron para juzgarla como una de las mejores películas que he visto en mi vida.

Lo siento, pero no pienso contaros ni un solo detalle del guión, ni siquiera de la presentación, ni del niño. No voy a contaros nada de nada. Es más, os recomiendo que os metáis en la sala sin ver ni siquiera el tráiler… yo no lo hice, yo no esperaba nada, yo no vi realmente en el cartel lo que iba a sentir en esa sala… y la sorpresa fue mucho, mucho mayor. Supongo que en una o dos semanas como mucho estará en nuestra cartelera. Yo sólo os puedo recomendar la Versión Original, porque no me fio mucho de los doblajes… si los buscáis, los hay. Y naturalmente que la veáis en el cine. Niños como Popcorn, Peggy blue, Einstein, Bacon u Oscar, nuestro pequeño protagonista, os harán ver la vida de otra manera.

Mis mejores deseos para esta película tan divertida, tan profunda, tan emotiva y tan cargada de valores. Muchísima suerte.