No leas este post
14 octubre, 2011


Avisado estás y avisado quedas. No lo leas, por favor. Estás a tiempo de cerrar la ventana y hacer como si nada hubiera pasado. De verdad, no continúes.

No me lo puedo creer, mmmm… ¿Aún sigues? Luego dirás que pensabas que era un recurso publicitario y que no creías que la advertencia iba en serio… pero de verdad, ¡para! Detente por favor. No debes leerlo porque puede tener consencuencias nefastas. A mí me interesan las visitas, pero en este caso no las quiero, no quiero mancharme y pasar a ser un mal blogger… ¿Cómo te lo tengo que decir? ¿en negrita? ¿EN MAYUSCULAS? Stop please! ¿Y si te cuento un chiste malo? ¿Qué es un punto rojo en el cielo? ¡Super-tomate! Uff…

Así que sigues aquí. Quien avisa no es traidor. Yo, Alo, webmaster de este blog no soy para nada responsable de las quejas de aquellos usuarios que lean esta entrada, porque dejo claro que es un post para que no se lea y que TÚ no debes leer.

Perfecto. Es precisamente tu desobediencia ante mis consejos la que me permitirá continuar esta entrada, que sepáis que el 100% de las personas que habéis visto esta entrada en mi blog, habéis continuado leyendo y exactamente vais por esta palabra. La curiosidad es uno de los elementos comunes de todos los seres humanos. Pero no sólo ésta, sino miles y miles de rasgos idénticos. Resulta que he leído que los seres humanos somos clones entre nosotros, iguales en el 99%… así que sólo nos diferencia un 1%. Un 1%, qué estupidez. O qué chollo según se mire… creo que cuando tenga novia iré diciendo que es 99% parecida a Elsa Pataki y será una verdad como una casa, aunque los escépticos me comentarán que debería dejar la ironía para otros temas…

Sobre todo, se parecen las épocas de nuestra vida. Todos pasamos nuestros primeros malos momentos y de estrés extremo saliendo a la realidad en el parto, después de unos meses de tranquilidad y paz. Todos les preguntábamos a nuestros padres si vendrían a la puerta del cole a esperarnos…y todos presumíamos de ellos ante los demás, eran nuestros “dioses” y nuestro total ejemplo… hasta la adolescencia, en los que todos los vimos como los encargados de limitar nuestra amada libertad. Aquella época en el que nuestros dioses pasan a ser nuestros amigos. Por los que dabas todo y con los que no parabas de reírte y hacer el tonto por la edad del pavo. Eso hasta que tienes más de 22 años, en la que tu centro suele ser el trabajo, mejorar, llegar alto… parecer importante, ganar dinero. Después, llega la crisis de los cuarenta… en la que llega muchas veces la tristeza con la pregunta ¿Qué he hecho con mi vida? Y es también cuando te das cuenta de que no vivimos para trabajar, sino que trabajamos para vivir, y que lo más importante es tu familia.

Hay que tener las cosas claras, muy claras. Leí en un libro que la vida es como el mar… hay que tener un destino claro y no puedes salir sin un fin claramente determinado, sino las olas te llevarán donde ellas quieran, y acabarás donde no querías llegar. Como cuenta el dicho: «No hay viento favorable para el barco que no sabe adónde va»

Ese es el 1% que nos diferencia, qué queremos ser y cómo queremos llegar. En el mar nos encontramos diferentes periodos… tempestades, mar en calma, soledad, tranquilidad y múltiples peligros que tenemos que afrontar para llegar a esa isla de la felicidad. ¿Qué necesitamos? Grandes capitanes que ya hayan aprendido a golpe de maremotos, gente buena que tendremos que imitar… y en esta vida, los principales son los padres.

Cuando nacemos no tenemos miedo a nada, y son los padres los que nos tienen que hacer ver los peligros de la vida (“¡no!” “¡eso caca!”, “¡cuidado!” “¡no toques!”) Por eso mismo, cuando vemos un niño pequeño caerse, vemos que antes que ponerse a llorar mira a sus padres… y si les ve cara de asustados, llora. Si les viera riendo, quizá piense que es una cosa normal que acabará aprendiendo y que no le dolerá “cuando sea mayor”. Necesitamos imitarlos y copiar lo bueno que tengan, todo lo que sepan, porque algún día viajaremos solos, y tenemos que saber quiénes somos, y dónde queremos llegar.

Los fines claros. Hubo una vez que el presidente de EEUU, Kennedy, fue a visitar la NASA. Todos los empleados expectantes salieron a recibirlo y con el agolpamiento, tiraron una papelera y derramaron su contenido. Rápidamente salió una señora para limpiar la suciedad y que el presidente no la viera. Barrió y se escondió entre la multitud, pero el presidente la vió y le llamó a su presencia:
– Hola señora, usted…¿Qué hace aquí?
– “¿Yo? Ayudo a mandar satélites al espacio exterior.”
Los fines claros, y el orgullo de hacer las cosas bien… también. Por cierto, sois unos cabezotas, ¿aún seguís leyendo?

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