Érase un niño a un adiós pegado…
4 julio, 2010


… Y ese niño soy yo. Últimamente, mi pan de cada día es despedirme. Un adiós continuo, “nos veremos pronto”, “vendré en breves”, “no sé cuándo bajaré de nuevo”, “que te vaya bien”, “ya me contarás”… Muchas de estas frases pasean por mis oídos y salen por mi boca, al menos, un par de veces al mes.

“Acompañamiento que se hace a una persona que se marcha, hasta el momento de la separación” o “Palabras de cariño o cortesía que se dicen en el momento de la separación” son algunas de las definiciones del diccionario… y entre ellas, lo común es que hay una separación de uno o varios que se quedan, por culpa de uno que se larga.

Hay algunas despedidas bonitas, que son una alegría extrema. Decirle adiós a una enfermedad, despedirte de alguien que te ha hecho la vida imposible, “Bye bye exámenes…” muchas, que se tienen con una sonrisa de oreja a oreja… pero por desgracia, las despedidas que marcan son las que duelen.

Cuando las despedidas forman parte de tu vida, y siempre están ahí contigo, te marcan… por lo menos las que yo tengo. Duelen porque le estás diciendo “adiós” a familiares, a buenos amigos… y sobre todo le dices “adiós” a momentos en los que ya no podrás disfrutar de esa gente que dejas atrás, porque te tienes que ir. Ahora que soy joven supongo que se soporta mucho mejor, pero creo que me estoy empezando a dar cuenta de que las personas tienden a estabilizarse y a “poner el huevo” para quedarse ya con lo que tienen, eligen dónde y con quién, y se quedan allí para disfrutarlo… y para huir de las malditas despedidas.

Hace un mes tuve una, después 4 años, de mi vida en Pamplona… de mis amigos de allí, de mis pedazo de compañeros de piso, de mi Aula4, de la promoción de mi Facultad, de mucha, mucha gente; Unos que me ha encantado conocer, y otros que no, pero gracias a los que he aprendido que este mundo no es de piruleta y que no todo el mundo es trigo limpio. Sé de sobra que mucha de aquella gente no la volveré a ver nunca, pero he aprendido muchísimo y he pasado grandes momentos con ellos. Ayer, la despedida con la mayoría de mis amigos de Jaén, faltaban algunos… pero sé que les hubiera encantado estar. Estos son los peor parados, porque sin haberlo merecido, tienen que sufrir despedidas unas cuantas veces al año por mi culpa, pero sin duda, lo sufren con un par porque ellos son los más grandes. Hemos sido amigos desde siempre y somos de los pocos grupos que seguimos siendo amigos, sin que nos falte nadie. Es una suerte que me hayan tocado ellos… y un orgullo.

Me voy a Madrid chavales, donde seguiré conociendo mucha gente y seguramente haga muchos más amigos, donde trabajaré e intentaré pasarlo genial. Empieza la cuenta hacia delante en mi carrera profesional, y la cuenta atrás para otra maldita despedida. Os echaré de menos. Go Madrid, go. 🙂

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