Mi iPhone robado y Vodafone, esa compañía de mierda.

18 abril, 2012 - 8 comentarios

Hoy quiero hacer un post rápido sobre mi caso en mi compañía de móvil, y la de muchos de vosotros: Vodafone.

Resulta que me robaron el móvil cuando solo llevaba 3 semanas con él. Un iPhone 4S nuevo que me costó sangre, sudor y lágrimas conseguir. Llevo casi cinco años en la compañía, jamás me habían regalado nada, y me había gastado con ellos miles de euros de factura de teléfono en todo ese tiempo… pero no lo consideraban suficiente para ofertarme un iPhone. ‘Solo lo tenemos en el Departamento de bajas’. COJONUDO, PUES DEME DE BAJA.

Pero bueno, la historia no va por cómo conseguí mi móvil, sino por cómo me estoy sintiendo después del robo, respaldado en todo momento por Vodafone (A continuación: ‘compañía de mierda’)

Nada más ser víctima del robo, llamé al 123 y anulé tanto la tarjeta SIM como el número IMEI del iPhone, el cual bloqueé (PAUSA. Antes de seguir, quería dedicarle al ladrón unas palabras: Espero que te entre bien por el culo mi móvil, porque no tiene muchos más usos una vez bloqueado, pedazo de hijo de puta’.)

La persona que me atendió me tranquilizó y me dijo que no me preocupara, que había una salida. Me invitó a denunciar el robo, para así mandarles a ellos una documentación determinada y, así, proceder a cancelar mi contrato de permanencia y que me pudieran ofertar un nuevo terminal. COJONUDO. -Esto sí es tratar bien a los clientes-. Pensé.

Puse la denuncia y volví a llamar; Me dijeron que debia escribir en un papel un texto tal que así: ‘Les escribo por el robo de mi movil, adjuntando la denuncia y la factura… bla-bla-bla, por favor, pónganse en contacto conmigo de forma lo más rápida posible para ofertarme un nuevo terminal, gracias’. El tipo que contestó el teléfono esta vez, me dijo que el contrato de permanencia no se cancelaba bajo ningún concepto, pero que me harían una oferta realmente atractiva para conseguir un nuevo Smartphone. ‘Bueno, menos da una piedra’.

Me rompí la cabeza escaneando DNI, denuncia, buscando un fax, firmando en puño y letra, adjuntando facturas… y, por fin, mandé los documentos al fax indicado (607 131 851). -‘Espere un par de días’-. Me aconsejaron. Y esperé.

Llegó en gran día, el 607 123 000 apareció en mi pantalla y, a partir de aquí, mi puta cara era para hacerle un mural. Me llamó una señora, hablando a menosdiezkilómetrosporhora, y me comenta: (Ojo, agárrate a la silla): ‘Hola, mire es que hemos recibido un fax suyo; con una denuncia de robo, un texto que pone ‘Les escribo por el robo de mi movil, adjuntando la denuncia y la factura… bla-bla-bla, por favor, pónganse en contacto conmigo de forma lo más rápida posible para ofertarme un nuevo terminal’, una factura de móvil PERO NO SABEMOS QUÉ SOLICITA PORQUE NO VIENE ASUNTO, ASÍ QUE EL FAX ES INVÁLIDO.

¡JAJAJAJAJAJA! Dioooooooooou. ¡PERO QUE CACHONDOS HIJOS DE PUTA SON DESDE LA OTRA PUNTA DEL CHARCO, NO? Colgué, y volví a llamar esperando un ‘¡Sorpresa! Esperemos que le haya resultado graciosa nuestra putísima broma de mierda!’ y una musiquilla, pero no. No fue así.

-‘Hola, buenos días. Mire, es que he mandado toda la documentación que me solicitaron por fax y me han dicho que no saben a qué me refiero, porque me robaron el movil y blabla…’ Y me contesta el pollo:

-En ese caso, Vodafone no se responsabiliza del robo de su móvil, pero le vamos a ofrecer un movil por los puntos que tiene. ¿Pero qué pocos no? No creo que por estos puntos le pueda salir rentable.

– …Claro, OBVIO que no tengo puntos, los usé hace tres semanas para comprar el iPhone. Me dijeron que la oferta era un poco más especial porque me lo habían robado, por eso me piden la denuncia, para certificar eso y proceder a ofrecerme un móvil.

-Solo le podemos ofrecer un móvil por los puntos que tiene, aunque mande la documentación.

[Mi cara de retrasado -> (o.o)]

-Entonces, amigo mío, ¿para qué COJONES QUIEREN LA PUTA DENUNCIA, MI DNI Y LA FACTURA?

-Para cerciorarnos de que se lo han robado.

-¿Y de qué me vale que se cercioren de que me lo han robado, si no me hacen una oferta mejor?

-Solo puedo ofrecerle un movil por los puntos que tiene, nada más.

Y ASI HE ENTRADO EN UN PUTO BUCLE EN EL QUE ACABAS COLGANDO PORQUE PIERDES LA JODIDA CABEZA. De verdad, me parece tan vergonzoso la mierda de Atención al Cliente y el servicio que dan las compañías telefónicas en este país. Te mienten por teléfono porque saben que ni sabes quiénes son, ni se identifican, o te dan un número falso, si les preguntas; te cuelgan. Te engañan con ofertas falsas, o simplemente son INCOMPETENTES que no tienen formación como para estar contestando un teléfono.

Triste pero cierto. Me han dado mil vueltas, se han reído de mí, cada uno me ha contado la historia que ha querido y han conseguido que pierda los papeles hasta llegar el punto de escribir un post… porque lo vea como la única salida a un problema que jamás me van a solucionar.

Perdonad los tacos, Alo.

Mi carta a Ana Botella, Asunto: La foto blasfema ‘Infierno’.

20 enero, 2012 - Leave a Response

Señora Dña. Ana Botella,

Desde hace tiempo, tanto usted como su marido, han sido personas a las que he tenido un especial aprecio.  Admiradas por su liderazgo y saber ser, saber estar y saber defender los intereses de sus allegados, votantes y amigos… hasta el día hoy, que he cambiado de parecer. Sí, la foto blasfema de un actor imitando a Jesús sosteniendo sobre sus geniales una estampa del Cristo de Velázquez es razón suficiente. (*la fotografía ha sido recortada para no herir sensibilidades). Foto que, para más INRI, está expuesta a costa de mis impuestos.

Me parece realmente sorprendente que el Partido Popular, partido que está donde está por gente de derechas (en su mayoría católica) permita este tipo de aberraciones. ¿Qué pretenden con mantener la foto de ‘Infierno’? Explíqueme, por favor, ¿dónde está la cultura? ¿Acaso nos hemos acostumbrado a esconder detrás de la palabra ‘Arte’, todo tipo de insultos contra la religión? Perdón, no generalizaré. Todo tipo de insultos contra el cristianismo, porque al Islam ningún artista de estos valientes que tenemos le dedica ni ‘mú’.

Me cansa, señora. Me cansa y mucho que se nos ignore. Me cansa que permita que una panda de (anti)artistas se rian de nuestra religión y de nuestras creencias, amparándose en una ‘cultura’ que no es más que una cortina de humo para humillarnos a sus anchas. (Anti)artistas respaldados por una ‘libertad de expresión’ en la que se amparan para ofendernos.  Sí, señora. A los católicos. A esas personas que, en su mayoría, han permitido que usted esté donde está, doña Ana.

En general, su actitud contra la Ley del Aborto y, en particular, con este caso, hacen que pierda mi confianza tanto en ustedes como el sistema democrático que ‘aboga’ por todos los ciudadanos. Quiero aprovechar para mandar un abrazo a D. José A. Monago, que la retiró en cuanto los ciudadanos se lo pidieron, tras ser expuesta en el Festival de Teatro de Mérida en julio de 2011. Actitud valiente donde las haya y más aún en esta época, donde la Religión está en el punto de mira.

Señora Ana, Dios le perdone por poder y sin embargo no querer. No se preocupe, yo rezaré por usted, pero Él no sólo es Misericordioso… También es Justo, y cada cual tendrá el destino que merece. Le dejo una cita, antes de mandarle un cordial saludo.

Y cualquiera que Me negare delante de los hombres, también Yo le negaré delante de mi Padre que está en el cielo‘. MT 10:33.

Suerte,

No leas este post

14 octubre, 2011 - 16 comentarios

Avisado estás y avisado quedas. No lo leas, por favor. Estás a tiempo de cerrar la ventana y hacer como si nada hubiera pasado. De verdad, no continúes.

No me lo puedo creer, mmmm… ¿Aún sigues? Luego dirás que pensabas que era un recurso publicitario y que no creías que la advertencia iba en serio… pero de verdad, ¡para! Detente por favor. No debes leerlo porque puede tener consencuencias nefastas. A mí me interesan las visitas, pero en este caso no las quiero, no quiero mancharme y pasar a ser un mal blogger… ¿Cómo te lo tengo que decir? ¿en negrita? ¿EN MAYUSCULAS? Stop please! ¿Y si te cuento un chiste malo? ¿Qué es un punto rojo en el cielo? ¡Super-tomate! Uff…

Así que sigues aquí. Quien avisa no es traidor. Yo, Alo, webmaster de este blog no soy para nada responsable de las quejas de aquellos usuarios que lean esta entrada, porque dejo claro que es un post para que no se lea y que TÚ no debes leer.

Perfecto. Es precisamente tu desobediencia ante mis consejos la que me permitirá continuar esta entrada, que sepáis que el 100% de las personas que habéis visto esta entrada en mi blog, habéis continuado leyendo y exactamente vais por esta palabra. La curiosidad es uno de los elementos comunes de todos los seres humanos. Pero no sólo ésta, sino miles y miles de rasgos idénticos. Resulta que he leído que los seres humanos somos clones entre nosotros, iguales en el 99%… así que sólo nos diferencia un 1%. Un 1%, qué estupidez. O qué chollo según se mire… creo que cuando tenga novia iré diciendo que es 99% parecida a Elsa Pataki y será una verdad como una casa, aunque los escépticos me comentarán que debería dejar la ironía para otros temas…

Sobre todo, se parecen las épocas de nuestra vida. Todos pasamos nuestros primeros malos momentos y de estrés extremo saliendo a la realidad en el parto, después de unos meses de tranquilidad y paz. Todos les preguntábamos a nuestros padres si vendrían a la puerta del cole a esperarnos…y todos presumíamos de ellos ante los demás, eran nuestros “dioses” y nuestro total ejemplo… hasta la adolescencia, en los que todos los vimos como los encargados de limitar nuestra amada libertad. Aquella época en el que nuestros dioses pasan a ser nuestros amigos. Por los que dabas todo y con los que no parabas de reírte y hacer el tonto por la edad del pavo. Eso hasta que tienes más de 22 años, en la que tu centro suele ser el trabajo, mejorar, llegar alto… parecer importante, ganar dinero. Después, llega la crisis de los cuarenta… en la que llega muchas veces la tristeza con la pregunta ¿Qué he hecho con mi vida? Y es también cuando te das cuenta de que no vivimos para trabajar, sino que trabajamos para vivir, y que lo más importante es tu familia.

Hay que tener las cosas claras, muy claras. Leí en un libro que la vida es como el mar… hay que tener un destino claro y no puedes salir sin un fin claramente determinado, sino las olas te llevarán donde ellas quieran, y acabarás donde no querías llegar. Como cuenta el dicho: «No hay viento favorable para el barco que no sabe adónde va»

Ese es el 1% que nos diferencia, qué queremos ser y cómo queremos llegar. En el mar nos encontramos diferentes periodos… tempestades, mar en calma, soledad, tranquilidad y múltiples peligros que tenemos que afrontar para llegar a esa isla de la felicidad. ¿Qué necesitamos? Grandes capitanes que ya hayan aprendido a golpe de maremotos, gente buena que tendremos que imitar… y en esta vida, los principales son los padres.

Cuando nacemos no tenemos miedo a nada, y son los padres los que nos tienen que hacer ver los peligros de la vida (“¡no!” “¡eso caca!”, “¡cuidado!” “¡no toques!”) Por eso mismo, cuando vemos un niño pequeño caerse, vemos que antes que ponerse a llorar mira a sus padres… y si les ve cara de asustados, llora. Si les viera riendo, quizá piense que es una cosa normal que acabará aprendiendo y que no le dolerá “cuando sea mayor”. Necesitamos imitarlos y copiar lo bueno que tengan, todo lo que sepan, porque algún día viajaremos solos, y tenemos que saber quiénes somos, y dónde queremos llegar.

Los fines claros. Hubo una vez que el presidente de EEUU, Kennedy, fue a visitar la NASA. Todos los empleados expectantes salieron a recibirlo y con el agolpamiento, tiraron una papelera y derramaron su contenido. Rápidamente salió una señora para limpiar la suciedad y que el presidente no la viera. Barrió y se escondió entre la multitud, pero el presidente la vió y le llamó a su presencia:
– Hola señora, usted…¿Qué hace aquí?
– “¿Yo? Ayudo a mandar satélites al espacio exterior.”
Los fines claros, y el orgullo de hacer las cosas bien… también. Por cierto, sois unos cabezotas, ¿aún seguís leyendo?

Cartas a Dios. La película.

3 abril, 2011 - 3 comentarios

Verme a mí escribiendo sobre cine es igual de probable que ver a Florentino Pérez regalándome un chalet en La Moraleja. Improbable, sí, pero no imposible. Retando a la probabilidad, escribo este post de una película que me removió tanto como para interrumpir “Cadena de favores? en el tren de vuelta a casa, y ponerme a escribir una entrada del blog, con el agravante de que tengo más hambre que un perrillo chico. Vamos allá.

Este jueves me invitaron a un preestreno, como todas las semanas, por cortesía de mi empresa. No suelo tener mucha suerte, y acostumbro a ir a películas dignas de sobremesa dominical de Antena3. Movido por el ocio y tres acompañantes más, me decidí por ponerme en camino hacia el cine. Una película me esperaba, su nombre original es “Oscar et la dame rose”, pero llega a España como  “Cartas a Dios?. Esa tarde había mirado algo por internet, bueno, lo intenté… pero poner ese título en Google solo generó miles de resultados de webs de autoayuda. Aún así, seguía dispuesto a ponerlo como el plan para esa noche.

Ya en el vagón del metro, me decidí a mirar el cartel de la película en la que iba a invertir mis dos próximas horas.

A la par que saqué la entrada de mi chaqueta, una señora decidió frenar su carrito con mi pie.  Empujones, agobio, más empujones… no fue el momento apropiado. Condicionado por el ambiente hostil del transporte subterráneo un prejuicio precipitado cruzó mi mente…“Verás como esta película me arruina las palomitas?. Salí a la calle, tremendamente aliviado, y me aparté de la masa para esperar a Pedro, Guille y Sofía.

Volví a meter la mano en mi bolsillo para confirmar que las entradas seguían ahí. Efectivamente. Ahí estaban, arrugadas como la camisa de tu primera colada. Fijé mis ojos. En el cartel aparecía un niño con un pañuelo en la cabeza, junto a una mujer. Tras ellos, un ambiente lúgubre y triste, oscuro, vacío. La mítica casa de terror y la sensación de que había olvidado los pañuelos en casa. “Parece ser que los necesitaré? –Pensé.

Nos acomodamos como pudimos. Entró el director de la película, Éric-Emmanuel Schmitt,  y comenzó a hablar… y me quedaré con alguna de sus frases durante mucho tiempo. Palabras que entraron en mi cabeza como si llevara mucho tiempo esperando a que alguien se atreviera a citarlas. Todo empezó con su comentario en francés, traducido por su acompañante: “Que sepan que preferiría hablar al terminar la película, pero prefiero hacerlo antes porque al acabar toda la sala estará llorando?. Pensé que poca gente hubiera conseguido empezar mejor, nadie quitaba el oído, y nadie pudo evitar conmoverse cuando introdujo la película: “Es una tragicomedia. He intentado conseguir algo que es muy complejo, que ustedes vean el mundo a través de los ojos de un niño con una enfermedad, ellos tienen la humildad de aceptar que no saben, aprendamos…?.

…Y ¡zas! Luces fuera. Comenzó la película. La sala enmudeció por momentos, pero hubo algunos comentarios cuando vimos que la proyectaban en versión original… es decir, en francés y subtitulada en español, para que la pudiéramos seguir.

Salimos del cine.

Desde que entramos habían pasado prácticamente dos horas. Dos horas en las que había reído a carcajadas, como en casi ninguna película lo había hecho. Dos horas, en la que he aprendido a ver cosas que para nada me planteaba. Dos horas, en las que se te acaba escapando alguna lagrimita que otra. Horas que van pasando mientras piensas “que no se termine?. Eché de menos una banda sonora que hiciera mucho más hincapié en los momentos clave de la película, creo que se podría haber aprovechado un poco más, y que se podría haber sacado bastante más provecho del cartel, pero…  al margen de eso, pocos minutos fueron los que me bastaron para juzgarla como una de las mejores películas que he visto en mi vida.

Lo siento, pero no pienso contaros ni un solo detalle del guión, ni siquiera de la presentación, ni del niño. No voy a contaros nada de nada. Es más, os recomiendo que os metáis en la sala sin ver ni siquiera el tráiler… yo no lo hice, yo no esperaba nada, yo no vi realmente en el cartel lo que iba a sentir en esa sala… y la sorpresa fue mucho, mucho mayor. Supongo que en una o dos semanas como mucho estará en nuestra cartelera. Yo sólo os puedo recomendar la Versión Original, porque no me fio mucho de los doblajes… si los buscáis, los hay. Y naturalmente que la veáis en el cine. Niños como Popcorn, Peggy blue, Einstein, Bacon u Oscar, nuestro pequeño protagonista, os harán ver la vida de otra manera.

Mis mejores deseos para esta película tan divertida, tan profunda, tan emotiva y tan cargada de valores. Muchísima suerte.

Tu nieto es un sinvergüenza

10 marzo, 2011 - 5 comentarios

Dicen que la excusa es la armadura más fiel de los cobardes, después de haber atacado por la espalda. La madre que los parió… es que estoy totalmente de acuerdo. No niego que yo la haya usado alguna vez para intentar evitar las consecuencias de una mala acción, yo… y todos vosotros también, pero de todo se aprende. Llega un momento en la vida en que, lejos de la frivolidad, hay ciertas cosas que pasan a importarte un jodido pepino. ¿Por ejemplo? Bueno, pues hay muchas cosas… pero entre otras y destacando en primerísimo lugar: La mentira.

La mentira desde fuera es algo deprorable, penoso e incluso lamentable. Es una pena, porque ahora te das cuenta de que destruye amistades, parejas y matrimonios… ¡Joder! Y si rompe todo eso, ¿para qué se usa? Pues básicamente sirve para crear amistades irreales, fortalece el punto de vista del aparentar y te convierte en el comercial del jodido diablo, porque mientras más la usas… a largo plazo más arde tu triste imagen.

Algunos Community Managers la usan para algunas empresas, y como en la vida real, empiezas a crear una bola de mierda que se acaba viendo a la legua y saliendo por tus ventanas… eso acaba oliendo, y ¡zasca! Te ves más solo que Charlie Sheen, y tu empresa acaba como el Windsor.

Todos, insisto, t-o-d-o-s hemos mentido más de mil veces. Todos nos hemos excusado. ¡Claro que sí! Mira, acuérdate cuando eras pequeño… ¿Te acuerdas de tu primera confesión? ¡Yo tampoco! pero me jugaría el cuello a que dije: “Hola Señor, soy un mentiroso compulsivo, me he pegado con mi hermano, he dicho palabrotas y no he recogido mi habitación”. Sí, por este orden. La mentira estaba ahí porque es una cosa que está mal, lo sabíamos. Esto demuestra que cuando somos unos simples mocos, somos capaces de ver la realidad mucho mejor de lo que la vemos adulta… ¿La razón? Pues no sé, supongo que tanta TV nos está volviendo gilipollas profundos, o demasiado listos, tan, tan listos… que decimos que “no siempre es malo mentir”.

Ahora… ahora es cuando te estás imaginando aquella pufa que metiste cuando vivías tu más bella infancia. Vale, joder, ¡vale! Yo debía ser un mentiroso compulsivo, lo reconozco. …Abuela, ¡Sí!¡fui yo el que rompió tu bonita maceta y no el perro! El perro era incapaz de mover una pelota, ¿cómo crees que tiraría todo el macetero? ¿Pues que querías que hiciera? Me empecé a motivar después de ver un capítulo de Oliver y Benji y, sintiéndome con la fuerza infernal del gitano de Marc Lenders, golpeé aquél balón como si tuviera un hijo en la cárcel. ¡FOOOOM!..¡Crassssh!

No sé si acordáis de cuando rompisteis vuestro primer plato, vuestro primer jarrón… jaja, buenas risas te pegarías viéndote si eso estuviera grabado en algún lugar. Es divertido recordar que probablemente en el momento crucial de la caída del jarrón, abriste mucho los ojos y simultáneamente intentaste que no cayera, acercaste tus manos, pero al ver que era inevitable te alejaste vilmente… cerrando los ojos y tapándote los oídos como si eso aún te pudiera salvar. ¿Salvar? Vaya… salvar de la torta que te ibas a llevar 10 segundos antes de escuchar tu castigo.¡Zas!

Y a la cama más caliente que ____________________ (acaba esta frase si quieres, porque gracias a ZP ya no puedo acabarla con “…que el cenicero de un bingo”)

Hay veces que fue injusto porque no nos pillaron y salimos tan panchos, otras fue justo porque nos llevamos una merecida reprimenda. Aún recuerdo que de pequeño era un tanto travieso. Reconozco ahora que  muchas tardes salía con mi hermano pequeño al balcón para cuidarlo.

Pasaban los minutos, y como cuidar a mi hermano era realmente aburrido, me dedicaba a escupir a los pobres viandantes. Me pareció divertido hasta que me asustaron los alaridos groseros que el portero me gritó desde la otra acera… (Mi portero, gordo y calvo, me infundía un terror enorme, pensaba que él era el hombre del saco con el que mi abuela me acojonaba cuando estaba cabreada conmigo)

“¡Eh! ¡Niñato! Te vas a enterar…!”

Hábilmente, utilicé mi dedo para inculpar a mi hermano pequeño. Puse cara de “es un rebelde y no he llegado a tiempo”. Sin embargo, pensé que mi plan iba a ser descubierto cuando miré al enano y vi que estaba asomado saludándolo efusivamente con una sonrisa de oreja a oreja.

Menos mal que al portero se le enterneció el corazón y, no sé si porque se lo creyó o por simple clemencia, decidió no arrancarme la cabeza de cuajo. Un alivio. Temía acabar de primer plato en la casa de los hombres del saco.

En realidad, dicen que una persona suele mentir una media de 3 veces en una conversación de 10 minutos. Joder, desde que sé esto no paro de rayarme cada vez que hablo con alguien…

– Jaja, ¿sí? ¡Qué way tiene que estar eso!

– Siii, mira, yo tengo un amigo que…

– (…Ahí me va a colar la primera el cabrón)

Y es que la mentira tiene tantos matices como personas habitan en el planeta, ¿por qué? Pues porque todos la usan. Dicen que las mentiras piadosas no son malas, y recuerdo que me lo dijo un adulto cuando yo era un enano, después de una conversación veraniega de mayores de la que estaba muy pendiente. Batido de fresa en mano, no había frase que no analizara mi pequeña mente infantil… No fue así exactamente, pero no dista demasiado de esta. Empecé a escuchar:

– … Pues al final resulta que de la bomba que llevaba se cayó al barranco, y después de dormir la mona, ¡se lo encontraron rodeao de zorras! Ja,ja,ja…

– Vicente, ¿tienes amigos que hacen bombas?

– No, Alvarito

– Pero Vicente, debía ser una bomba muy grande para que del peso se cayera al barranco, ¿no?

– Alvarito, no me refiero a ese tipo de bombas, vete a jugar con tus amigos

– ¿No es de las que explotan?

–  No, suelen explotar los domingos nada más levantarte, pero tú no tienes que saber de eso que eres muy pequeño (risas de los mayores)

– ¿Tu amigo era soldado?

– No

– ¿Tu amigo el soldado trabaja en el zoo?

– No

– ¿Y canta nanas?

– ¡No! ¿Por qué?

– Porque como duerme monas…¿Cómo son las monas?

– Peludas. Vete de aquí.

– ¿Y las zorras no le mordieron?

– ¡Niño que te vayas a tomar por c…! (Y más risas de los presentes)

No entendía nada, la verdad. Ahora pienso que menos mal que no me explicó lo que todo aquello significaba… ¡menos mal que me mintió el bueno de Vicente! Pude continuar con mi aprecia y atareada infancia…

Pude seguir puteando al portero, rompiendo macetas, enemistándome con perros, preparándole mantecados a los Reyes y leche a los camellos, diciendo que de mayor no me iba a casar porque no me gustaban las niñas, comiendo del azucarero a cucharadas, llamando a casas de desconocidos para preguntar por Epi y Blas, asustando al gato para ver cómo se le hinchaba la cola y escuchando las mentiras que mi abuela le contaba a sus amigas: “Pues mi nieto un cielo”.

La madre que me parió abuela, ¡no seas mentirosa!

Protegido: Perdona, ¿me pones un par de cafés?

13 enero, 2011 - Escribe tu contraseña para ver los comentarios.

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En el barrio me encontrareis…

13 diciembre, 2010 - Una respuesta

…vivo. Sí, porque sigo vivo aunque no lo parezca. ¡Vaya…! unos días más y hubiera hecho casi dos meses sin poner una entrada al blog. Quizá he estado ocupado, quizá me he visto poco inspirado como para escribir algo interesante, quizá mil cosas, pero aquí estoy otra vez.

Esto que viene ahora no es un cuento, ni una tontería que se inventa mi desatada imaginación, sino la cantidad de cosas que he hecho desde hace unos días. Sinceramente, ha sido un puente inolvidable. Un acueducto más bien, porque la cosa se ha estirado misteriosamente… 😉

Necesitaría cientos de fotos para poder resumirlo todo, o lo que es peor…¡necesitaría cientos de horas para escribirlo! Para que de verdad pudierais sentir lo que pasó por mi cabeza. Todo comenzó el viernes 3 de diciembre. Ahí estaba yo, en traje y con esguince. Después de un agradable día de intensivo trabajo, me encontré con un gran amigo de Jaén en la salida. Bueno, me encontré a dos, pero sólo hablaba uno. Llopis y yo iríamos a un concierto mientras Sharky nos esperaría por ahí infringiendo los horarios de aparcamiento. Quedamos para comer con otro más. Probamos todos los tipos de hamburguesas del VIPS mientras Luque hacía bromas ininteligibles, que nos mantuvieron en vilo hasta el final. Un poco de Fisioterapia para preparar mi tobillo contra el abuso que iba a sufrir esa misma noche y ¡pin! la tarde voló. Cada momento que pasaba era un momento menos para entrar en el Palacio de los Deportes. No era un concierto normal; era el concierto que llevábamos esperando meses, y cómo no… fue –otro rollo-. Al principio nos registraron, haciéndonos sentir auténticos asesinos en serie, pero al traspasar la puerta volvimos a ser los barrieros de corazón que pagaron 40 pavos por disfrutar de tan profundas canciones. Un sitio realmente caro, debería ser ilegal cobrar 18€ por una copa de -cachi-, pero “en coto privado cazaré lo que me dé la gana”…

Pero bueno, llevar una pancarta y que la gente se hiciera fotos con ella no tenía precio, eso o conocer a muchos paisanos de Jaén y de toda España, sonreír hasta tener agujetas en la sien, bailar como si de Billy Eliot se tratase, o mejor, como la mismísima Sara Baras con delicias de flamenco, pasear con nuestro gorro o cantar hasta notar que ni el más mínimo sonido sale de tus cuerdas vocales es una sensación que será difícil de superar. El Barrio es un grupo que, si le das una oportunidad con un poquito de paciencia, te acompañará el resto de tu vida. Aquí dejo algunas de las mejores, como requiem por una magdalena, truco, yo soñé, crónicas de una loca o buena,bonita y barata

Después pudimos hacer diversos planes, pero salió el que salió y de todo se aprende.

El viaje camino a Jaén se hizo corto y divertido, al contrario que mi viaje vuelta de puente hacia Madrid… que siempre se hace triste y lleno de preguntas como ¿Por qué seré siempre yo el que me tenga que ir?

El puente tuvo compras de Navidad, mariscada, dos cumpleaños, regalos, más compras, una paellada, una barbacoa, casa rural, fiesta, tapitas, visitas a la gitana, entrañables momentos familiares… ¡Hasta cené de un chino! Jaja, nada mal eh… Fue un puente genial. No hay ciudades increíbles, sino personas increíbles. Puede que Jaén no sea la ciudad más bonita del mundo, sí bonita, quizá ciudad… aunque las tapas sí son las mejores eh… Dicen que Madrid es super tal, y super cual… vale, está bien, pero personalmente pienso que no para siempre. Como me dijo una amiga una vez: “Calidad de vida es vivir en Jaén, que vayas andando al trabajo o que tus hijos puedan ir solos al cole es un auténtico lujo…” Y eso me abrió los ojos. Barriero por El Barrio, y también barriero por lo que quiero mi barrio. Una cosa es lo que yo quiera, y otra dónde terminaré yo mis andadas… 😉

Contaría todo, pero es que no lo sabría explicar para que de verdad me entendierais… son experiencias inolvidables que no tendrían sentido si no hubiera sido porque las realicé con grandes amigos, con mi querida familia y con una niña muy, muy especial que me hace sonreír todos los días.

Espero que la Navidad sea, como mínimo, lo mismo que este gran puente. Eso sí, los buenos momentos no terminaron aquí… Llegué a Madrid y horas después cogí un AVE a Sevilla, ¿por qué? cosas del curro que intentaré contaros estos días…

¡Hasta pronto!

Alo

Recuérdame que te recuerde que aún no es tarde

21 octubre, 2010 - 7 comentarios

Hoy mi capacidad respiratoria es menor, la temperatura de mi cuerpo sube y baja como el DragonKan, no duermo bien y lloro cada dos por tres (y no por ver En Busca de la Felicidad…) todo parece indicar que tengo un resfriado como la copa de un pino. Siento frío y calor en el mismo minuto que me da por pensar algunas cosas, porque ayer con fiebre no fui capaz: Vosotros, los cuatro pollos que me estáis leyendo, ¿valoráis que estáis como una rosa? Quiero decir, ¿estáis aprovechando que no teneis ningún problema de salud para aprovechar realmente el tiempo?

Y es que casi nadie lo consigue hacer. Aquí está el que creo el refrán más acertado de la historia: “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”; y es una verdad como un puño.

Gracias a Dios, yo me pongo enfermo de higos a brevas, sin embargo… me doy cuenta de que nunca soy consciente de esa suerte, bueno sí, soy consciente cuando vuelvo a ponerme malo y entonces “ya es tarde”. Cuando me recupere (que espero que sea antes de la capea que tengo el sábado) diré el primer día:

“Wau, cómo mola esto de respirar y saciarte de aire” / “Fíjate, son las doce y aún no estoy cansado”

El segundo día diré:

¡Cómo no me he dado cuenta antes! La siguiente vez me cuidaré más, estar sano es genial, puedes hacer lo que quieras.

Pero a partir del tercer día volveré a salir de fiesta por la noche en manga corta, volveré a quejarme de que no quiero cenar sopa y diré que no tengo ganas de tomar una caña, que prefiero quedarme en casa, que “no tengo ganas”, volveré a perder mucho más el tiempo que debería estar aprovechando, ese tiempo que ahora mismo no puedo disfrutar, pero joder, ahora mismo ya “es tarde” otra vez. Es que los humanos a veces somos más tontos que un cepazo en un llano, y nos damos cuenta cuando empezamos a pensar en…

En aquel día que estuviste con cara larga en aquel botellón, ¿no te gustaría retrasar el tiempo para volver y disfrutarlo? En aquella noche en la feria, ¿recuerdas que te dedicaste a quejarte de todo? ¿no la echas de menos? Apuesto a que pagarías por volver a vivir ese día que estabas con todos tus amigos y que, por cualquier chorrada del momento, no disfrutaste. ¿Y te acuerdas de cuando…? ¿Y…? Infinidad de casos para mí y también para vosotros, mis queridos cuatro lectores.

Os animo a aprovechar cada momento, ¡porque luego lo echaréis de menos! Siempre nos damos cuenta cuando ya no lo tenemos, cuando ya no lo disfrutamos, o cuando ya no lo podemos disfrutar…

Por todo lo anterior, he pensado que debo actuar y hago un llamamiento a los principales inventores de este país: Quiero construir una gran máquina que en determinados momentos, te recuerde algunas cosas:

Que te recuerde que los amigos son para toda la vida, cuando alguien empiece a hablar mal de uno de ellos y te den ganas de reirte, y que, en ese momento también te recuerde que le debes callar la boquita.

Que te recuerde la mierda que es estar enfermo, cuando decidas quedarte en casa y no salir porque no te apetezca.

Que te recuerde lo mal que lo están pasando tus padres para ahorrar ese dinero que estás tirando cuando decides no presentarte a un examen,

Que te recuerde lo rica que estaba la comida de tu madre,  cuando llevas diez días seguidos comiendo los macarrones que cocinaste el mes pasado. Que te recuerde lo bien que vivías en tu casa, cuando te vas fuera de tu ciudad.

Que te recuerde que el 16 de octubre de 2010 sólo será una vez, y que el 17 de octubre de 2010 sólo te servirá para acordarte de lo que viviste el 16, pero no de vivir lo que te perdiste.

Que te recuerde que aproveches ese tiempo con esa persona, antes de que te des cuenta de que no iba a estar contigo para siempre

Que te recuerde que estar con aquella chica es lo mejor que te ha pasado, cuando te dé ganas de irte con esa golfa que te joderá la vida, y que te recuerde cuando quieras volver con ella que ya… “es tarde”.

Con o sin máquina, este post es para todos aquellos que echan de menos algo y ya no lo pueden disfrutar… A partir de ahora vamos a intentar aprovechar un poco más cada momento, que hoy no es tarde aún… 🙂

un abrazo a todos!

Alo,

Manual: Cómo disfrutar en Pamplona

7 octubre, 2010 - 4 comentarios

Lección 1: Repitiendo el mismo plan, pero con toda la clase.

Básicamente, he intentado resumir lo que ha sido para mí pasar un fin de semana en Pamplona. Y es que los días 1, 2 y 3 van a estar marcados siempre por aquel plan que puso de acuerdo a más de 25 personas.

Cuando es tanto lo que has pasado en un lugar, las sensaciones que vives al volver son prácticamente inexplicables. Cuatro años parecen poco, pero vivir desde mis diecisiete a mis veintiún años allí marcará para siempre mi forma de ver las cosas.  Dificil de comprender para la gente que estudia en sitios más fiesteros, incomprensible para aquellos que piensan que de una ciudad pequeña “te cansas en nada”. En resumen, la gente que nunca ha escuchado “un pintxico de txaca me pones”, “bajera”, “Jambo”, “Vamos pues”, “¿Cómo así?” y un largo repertorio de los P.T.V. (Pamplona de toda la vida). 48 horas que me supieron a gloria (no a una Gloria en especial eh, a cualquiera)

Salí de Madrid sobre las 16:30 y llegué sobre las 22:00 de la noche, subí en el mítico bus PLM con Lorena Domínguez. El viaje estuvo genial, la verdad. Se hizo muy ameno. Ella me ofreció probar su bocadillo de bacon, jamón de York, queso y mantequilla –Vaya, otra niña con las modas de comer sólo cosas light- pensé mientras rechazaba darle un bocado, pensando en que pronto abriría esa bolsa de gusanitos que llevaba debajo del asiento… sin embargo, nunca lo hizo.

Sinceramente, creo que nunca he hablado el idioma de mis tripas, pero logré escuchar un “vaya retrasao de dueño tenemos, como vuelvas a rechazar algo de comida te aseguro que te vamos a reventar so hij…”. Y justo ahí algo interrumpió mi audaz interpretación; era un sonido constante con agudos y graves, entremezclados con gritos y tambores… ¿pero qué…? Y ahí estaba: la música del iPod de Lorena, divertidamente decorado.

Entre mis canciones de flamenco/pop y las suyas de dance/house alternativo pasaron las horas, y nos encontramos entrando en la gran estación de autobuses de Pamplona. Una amiga de Lorena le recogió y yo allí me quedé esperando al gran Zarauza, que venía a recogerme. Mientras pasaban los minutos me dedicaba a mirar a la gente que pasaba por la calle, simples desconocidos para los que yo también era un desconocido…¿para todos? No. Resulta que había un par de buenos cabrones muy cerca de mí en la estación escondiéndose para que no les viera: El negro y Luis, un par de buenos amigos que me dijeron que ese fin de semana no podrían venir; fue la mejor sorpresa de esa noche, sin duda.

Llegó Zarauza, andamos unos 3 kilómetros hacia el coche (dudo que mi casa estuviera a más de 1 kilómetro, pero siempre es especial andar por Pamplona con una maleta y una temperatura agradable que te escarche las cejas y paralice las extremidades). Después de una conducción segura y una conversación sobre el pasado bélico de Camboya, llegamos a casa de mis excompañeros del año pasado: Los cuatro fantásticos; Ale, Paco, Cesc y uno que no quería irse a vivir conmigo el año pasado, pero que me cae bien igual. Sin duda, fue un recibimiento bestial. Todos nos quedamos contentos, y digo todos porque a mí me alegró verlos y a mis tripas les alegró saciarse con la pizza que nos tenían preparada en el horno. Al dente.

Increíble, 100% de efectividad. No quedó nadie dentro del piso a la hora de la fiesta, algo que agradezco, porque sé que algunos tenían cosas más importantes que hacer… y nada, todos hacia Yamaguchi. El mítico parque donde esperaba gran parte del aula4, convocada esa noche a las 00:00, una convocación mmm… que podemos llamar cansina, después de dos semanas con mensajes de Facebook a punta pala… pero ya está, había llegado el momento. A 200 metros no me lo podía creer, -“debe ser que tengo la mirada cansada, después de tantas horas de viaje…”- pensé. Pero no. Mi vista estaba sana como una manzana, allí estaban los que eran: 5 personas. Más que una convocatoria del Aula4, parecía que era del aula 4 gatos.

La primera chica que vi fue mi querida y admirada jefa Leti T, presidenta y encargada del departamento estratégico de la Octava Casilla; fue el primer gran reencuentro. Detrás algunas figuras como Pedro Salazar o Pedro Varela, distinguible de lejos por su sudadera verde astral… habíamos estado tanto tiempo juntos en Madrid que ambos reconocimos que la ilusión de nuestro reencuentro “tampoco era para tanto”.

Idoia allí estaba inaugurando la zona VIP de Yamaguchi, supongo que para la gente de Pamplona de siempre le costará mucho más aún quedar en ese parque… por eso agradecemos aún más su presencia. Allí estaba con Isa Barcáiztegui, que no paró de sonreír en todo el rato, todos sabemos que estas cosas le hacen especial ilusión; estaba feliz y se le notaba,. Sus conversaciones con Elena Beruete debían ser de lo más entretenidas. Silvia Lorrio nos contaba sus planes mochileros futuros, corre el rumor de que puede ser la nueva presentadora del programa “Un país en la Mochila”, crucemos los dedos para dar este salto de calidad a la televisión. Rocío y Laura se divertían viendo a Juanfer decir tonterías sin parar (eh, SIN PARAR). Por si alguien se perdía, el referente de la noche eran 5 puntitos blancos en la oscuridad: la sonrisa de Lucía Arruti, cuya receta de pasta de dientes es secreta para conseguir ese efecto reflectante.

En realidad, parecía que el ambiente no podía mejorar…me equivocaba; La llegada de las parejas Xexe (ieeeh) Lara, Ane y Borja fue tan laureada como la llegada de Astérix y Obelix de las doce pruebas. Leyre ponía el MÁS en una celebración que solo estaba siendo perjudicial para aquellos que se la estaban perdiendo.

En cuestión de minutos aumentamos la edad media del parque en un 200% y allí estabámos el ciento y la madre. Gente de lo más cool nos dio alegrías el fin de semana, Sarita, Nuria, Mars, Martuka, Beita, Sara Ibiricu, Asier, Colmenero, Aristu…sin embargo son protagonistas del post del sábado, el viernes pues… en pocas palabras: Abrazos, besos, copas, risas y paseos… los paseos que los amables cuerpos de seguridad del estado nos sugirieron dar: nos disolvimos como el Nesquik.

Nos volvimos a encontrar todos al otro lado, (donde yo personalmente nunca había estado, y tan a gusto…). Allí todos juntos con total tranquilidad. Janet nos recordaba que la palabra “digo” pasará a la mente de toda la clase y hacía una cosa todo el rato, ah sí, gestualizar. Patricia Diaz iba con Lorena, que tardó en llegar, Andrea se retrasaba… (supongo que será parte de la filosofía de los Sancho) pero no falló, Sofía Hasboom se hizo esperar como la gente importante, pero pudimos disfrutar de ella todo el sábado. Después de tanto reir, discutimos si íbamos a Pachá, Catz, Kapital, SuperMartxé… y nos decidimos por Marengo.  Y allí pues qué puedo decir… yo me lo pasé como Homer en la casa de la gominola de la calle de la Piruleta, y seguro que todos también. Se pudieron ver caras por allí como la de Elena Angulo, Marta Lucas, o al mítico Guille Alonso alias “el portero”, porque siempre cierra las discotecas.

En realidad, la siguiente vez intentaría hacer un paréntesis de una cosita que me pasó, y estuve algo de tiempo con una actitud distinta de la que pretendía y la cara rara… pero bueno, no todo sale siempre bien 🙂 Personalmente, me reencontré con mucha gente especial, que ellos saben quiénes son, y aprovecho este post para decirles que me encantó estar con ellos un tiempecito más… y bueno,  el viernes salí de fiesta con mis amigos de allí y la gente del Aula4… ¡No se puede pedir más!

…Bueno sí, -¡Ponme otra copa!- 😀

Siento si he olvidado a alguien, pero yo también fui de fiesta (…) y algunas cosas pues, las mantengo en Stand By en mi subsconciente 😛

En cuanto pueda escribo el post del sábado, que fue en el que estuvimos más rato juntos y hay muuchas fotos !

Gracias a todos!

Alo,

El día que una casa de apuestas me ganó la partida

21 septiembre, 2010 - 19 comentarios

Ayer fue el día que más gordo me sentí de mi vida, quizá porque fui a un evento de la casa de apuestas BWIN en representación de todo Vocento, sí, esquizofrenia pura: más de 4500 trabajadores en un mismo rostro, el mío… y sí, me afeité.

Paseo de la Castellana, 21:45. Después de un buen rato jugando a ser israelitas, (vagando durante casi 40 años por el desierto Madrid, buscando el paraíso BWIN)… lo encontramos. Un guardia en la puerta pidiéndonos documentación fue lo que nos hizo preguntarnos. 

-¿Qué tipo de gente nos encontraremos arriba?

Un vistazo general sobre la ropa que llevábamos Llopis y yo nos hizo pactar algo:

-“Si vemos que no pegamos, nos largamos”.-

Llegábamos casi dos horas tarde, lo entenderían, tenemos la agenda ocupada hasta el canto. Nos recibió una chica muy guapa que nos dio a cada uno diez fichas, veinte entre los dos. Fichas que deberíamos apostar al Póker o al futbolín. Mal íbamos, yo jugaba al futbolín y Llopis al Póker. Estábamos como Einstein de delantero centro y Belén Esteban de Princesa de España: fuera de lugar.

Mientras pensábamos qué hacer con aquellas monedas nos distrayeron varias veces los manjares exquisitos y cervecitas fresquitas que los camareros paseaban por la terraza. El periodo de reflexión fue de lo más ameno. La gente era agradable en su mayoría y allí pude reencontrarme con antiguos compañeros de la agencia de publicidad El Laboratorio, encargados de las gráficas de Bwin, buena gente, sin duda.

Nos decidimos a jugar, el elegido fue el futbolín. 3 – 1, un remolino de Llopis no fue suficiente para conseguir la victoria, y fuimos derrotados por los auténticos reyes del estadio de madera. Daba igual, aún nos quedaban 16 fichas, – sí perdone, otras dos cañas.-

La música se paró con un extraño zumbido. Era la entrega de premios. Por lo visto los que más fichas tuvieran iban a ir eligiendo qué se llevaban. El que ganó al Poker debía tener, sin exagerar, once trillones de fichas… algo que nos vino muy, muy bien. Y nos vino así de bien porque el resto de comensales estaba totalmente pelao, lo más parecido que tenían a una ficha era uno de los altavoces que rodeaban la sala. Todos pelaos…menos nosotros, que no habíamos jugado al Póker.

oficinas bwin

Cuando estaban dando los nombres de los mejores clasificados, nos picó la curiosidad, y le preguntamos a la azafata que qué nos daban por 16 fichas, su contestación sólo nos produjo una amable carcajada.

– ¡¡Pues con 16 fichas sois los cuartos!! venga, elegid premio!.-

-No.- Fue la contestación del encargado cuando le preguntamos si las dos entradas de liga que regalaban del Real Madrid, podrían ser contra el Atleti. Siendo conscientes de que estábamos mostrando el plumero, nos decantamos por una equipación firmada, del Madrid claro. Cuando me estaba retirando del escenario montado sobre la marcha, oí a mi pareja de juego hablar con la azafata:

– Perdona, es que somos dos.- La cara de la chica era una poesía de Machado, que ante la presión de las miradas, se decantó por darnos OTRA equipación, la de Granero con el número 24 a la espalda.

Arjen robben

Al regresar a nuestro sitio, mi curiosidad por ver intentar descifrar aquel garabato era inmensa, así que decidí intentar adivinarlo. Fueron muchos los nombres que salieron, Rafa Nadal, Falete, Xabi Alonso… no pude sólo, así que nos juntamos con otros invitados de al lado para solucionar el problema. Sin embargo, resulta que no eran invitados… eran los vecinos con una capacidad de salto excepcional; el muro que separaba la terraza del evento con la de su terraza no fue un obstáculo… pero fueron pillados por un policía. Un policía que resultó ser fotógrafo y que precisamente fue el que les incitó a colarse a cambio de unas fotos desde encima del muro. A nuestros amigos la barra libre les convenció y allí estábamos con ellos, riéndonos sin parar.

Después de unas cuantas de copas llegó el fin del gran evento. Nos dejaron ver las oficinas por dentro y nos echamos unas cuantas fotos, era genial. Camisetas de Bwin para dejarnos mejor sabor de boca aún, y el cumpleaños del jefazo de la Casa de Apuestas para cerrar la noche.

 

Nos fuimos contentos de haber conocido a unos buenos vecinos, a un policía-fotógrafo que era un auténtico crack, de habernos reído mucho, y de haber disfrutado de un evento con un catering y un servicio a la altura de un evento de lujo.

Mi enhorabuena y mis agradecimientos, ya tengo regalo para mi hermano pequeño: una equipación firmada con la firma de Arjen ROBBEN que, después de una larga noche en la Botellita y encontronazos con viejos amigos, conseguí descifrar 🙂